
6 de junio de 2026
En la comunicación alternativa y popular, la memoria no es un simple ejercicio de archivo; es un acto de resistencia en el territorio. Hoy, cuando las paredes de nuestras comunas y barrios intentan ser silenciadas por la intolerancia, cobra más vigencia que nunca recordar a quienes hicieron de la palabra, el pincel y la denuncia un escudo indomable. Hablamos de Manuel Cepeda Vargas.
Muchos lo reconocen como el histórico senador de la Unión Patriótica (UP) y del Partido Comunista, asesinado el 9 de agosto de 1994 dentro del macabro plan de exterminio «Golpe de Gracia». Sin embargo, Manuel Cepeda fue, ante todo, un comunicador de las bases, un abogado de la Universidad del Cauca con una sensibilidad artística y literaria profunda que entendió que la cultura es el alma de la transformación social.
Para quienes hacemos comunicación comunitaria e independiente, la trayectoria de Manuel Cepeda en el Semanario VOZ (antiguamente Voz Proletaria) es un referente obligatorio. Como columnista y director, se convirtió en una de las voces más agudas y valientes del país.
Su célebre columna, «Flecha en el blanco», era un dardo directo a la corrupción del poder tradicional, al militarismo y a las violaciones de los derechos humanos. Pero también era una ventana para visibilizar las huelgas obreras, los paros cívicos y las justas exigencias del campesinado. Manuel no escribía desde un escritorio aislado en Bogotá; escribía con el barro de los territorios en los zapatos.
Su última columna, redactada apenas unas horas antes de que las balas del paramilitarismo y agentes estatales apagaran su vida, analizaba el panorama político con una lucidez premonitoria. En sus líneas finales, dejó un mandato ético que hoy resuena con fuerza en nuestros colectivos de jóvenes y artistas populares:
«No dejen, compañeros, de alistar un acto de teatro, una canción, una pintura que digan que Colombia vive y sueña».
La poesía y el arte como herramientas de lucha
Lejos de la rigidez de la política tradicional, Cepeda Vargas fue un creador constante. Pintor, escultor y poeta, vio en la estética un puente para conectar con los dolores y las alegrías del pueblo.
- La voz del campo: En 1964 publicó el poemario «Vencerás Marquetalia», un homenaje lírico a las organizaciones agrarias y las luchas campesinas del Tolima, dándole dignidad a la resistencia rural a través de la métrica y la metáfora.
- Amor y trinchera periodística: En 1981, tras la temprana pérdida de su compañera de vida y también valiente periodista, Yira Castro, escribió «Yira Castro: mi bandera es la alegría». Una obra íntima que demostraba que la ternura no quita lo valiente y que la comunicación popular se hace con el corazón por delante.
Desde su curul en el Congreso de la República (primero como Representante en 1991 y luego como Senador en 1994), Manuel Cepeda tradujo las demandas populares en proyectos de ley. Fue uno de los principales impulsores de la Ley de la Cultura (que años más tarde daría origen al Ministerio de Cultura) y defendió con firmeza la objeción de conciencia para que los jóvenes de los sectores más vulnerables no fueran obligados a la guerra.
Hoy, cuando en ciudades como la nuestra, Pasto, vemos cómo los jóvenes vuelven a tomar los baldes, las escobas y las pinturas para recuperar los murales que el odio intenta borrar, entendemos que el legado de Manuel Cepeda Vargas sigue vivo.
Su memoria no está atrapada en un busto de bronce; habita en cada podcast, en cada medio alternativo, en cada pincelada comunitaria y en cada rincón donde la palabra se use para decir que este país sigue vivo y continúa soñando.
Para profundizar: Te invitamos a conocer más sobre su faceta humana, familiar y creadora en el documental de la Fundación Manuel Cepeda Vargas: ‘Manuel Cepeda Vargas: un artista en la política’.