El sepulturero de mi pueblo, es un anciano gozoso de su oficio fúnebre, ha enterrado a medio pueblo, tandanadas de muertos, que en su mayoría han pisado las violentas redes del narcotráfico en el norte del Valle del Cauca. En sus breves conversaciones, el viejo sepulturero afirma que la savia viva de las gentes del pueblo, son el chisme, las venenosas habladurías, la exageración y la invención de lo imposible. El anciano sepulturero vive solo como es dable que viva un sepulturero; no tiene familia y quizá no sería nadie sin su imaginación desatada en los soliloquios de su perpetua soledad. Ayer asentó su palustre con fuerza sobre el último ladrillo que sepultaría para siempre a la loca Chana: la bailarina del pueblo, una anciana que no se perdía la movida de un catre para bailar y sonreírle al mundo. Siempre saludaba con un beso lanzado al viento, una sonrisa emboscada con su rostro jovial, mostrando el candor de una sirena decrepita y despellejada por la intemperie del tiempo. Los más antiguos de mi pueblo cuentan que Chana de joven era una mujer agraciada, trozuda y atractiva en su fugaz juventud, algunos viejos sobrevivientes de sus calores sensuales, suspiran al recordarle, haciendo traquear sus desencajas mandíbulas. Esta mañana me encontré al anciano sepulturero, le saludé como de costumbre y le pregunté por Chana. El viejo abrió sus ojos vidriosos y me dijo al oído, -la vieja vergaja, esa vieja puñetera, no para de mover el esqueleto, ese cajón le quedo pequeño a esa criatura; anoche bailó hasta el amanecer y ya me estaba desordenado el campo santo, me tocó echarle un baldado de agua bien fría para que le pasará la calentura, parece que ni la muerte le pudo quitar la alegría. Esta noche me va a tocar ir a dormir a otro lado, a esa loca no me la aguanto bailando y riendo toda la noche. Las otras finadas ya están quejosas y más bien celosas-. Luego el anciano me apretó el brazo con su rugosa y helada mano izquierda y salió bamboleandose hasta perderse en la acera, se fue cantando -esa flor ya no retoña, tiene muerto el corazón…

San Juan de Pasto, agosto 30 de 2017

* Textos anónimos.

* Detalle fotográfico; «El Diablo de Tumaco»

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