Maldito. Debemos darle un pepazo en la cabeza, debemos quemarlo vivo, debemos atacarlo con piedras y palos; debemos lincharlo sin piedad, -destrozarle el alma-. Descarado. Ojalá lo maten a ese maldito guerrillero. -No darle vergüenza ser candidato presidencial, dicen dos jóvenes docentes de una prestigiosa universidad colombiana mientras toman un tinto en la cafetería. Son dos bellas mujeres vestidas con los atuendos estándares de la moda actual. Demasiado atractivas, su piel tersa, sus aromas exquisitos, sus posturas y movimientos libidinosos, sus manos impecables y minuciosamente cuidadas, sus abundantes y eróticos cabellos, sus formas corporales de una sinuosidad que maravillan la imaginación, sus senos prominentes y apetitosos. Ah, pero sus palabras de odio han oscurecido sus ojos y el brillo de sus inteligencias, sus entrañas se han estremecido, y ahora sus miradas son cóncavas como la insondable muerte.

Ciudad de las Palmas, febrero 8 de 2018

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