Cuando era un niño mi sueño era jugar todo el tiempo con mis hermanitas y esperar las fiestas patronales de San Jerónimo en mi Masaya querida. Mi mamá nos decía que tenía una premura que resolver, entonces nos echaba llave y salía corriendito, desde adentro de la habitación escuchábamos sus pasos apresurados que sonaban en puntillas sobre el tablado, me daba mucho coraje quedarme encerrado junto a mis hermanitas todo el día en aquella pieza un poco oscura y estrecha, sentía preocupación de no saber nada de mamá, muchas vece no venía durante días. En la noche cuando llegaba, se le notaba el cansancio, era como si la hubieran molido a palos. A pesar de su agotamiento, nos hacia un gallo pinto y bebida de pinolo. A veces llegaba mi viejo adelante y lo primero que preguntaba era por mi mamá, suspiraba y se ponía un poco triste, sus pensamientos se perdían dentro de su propio silencio, pero él nunca le dijo nada.
Mi vieja se dedicaba con el mayor de los cuidados a nosotros cuando estaba en casa, nos cantaba, repartía abrazos todo el tiempo, cocinaba un rico chancho con yuca. Yo le reclamaba, le manifestaba mi enojo por su frecuente ausencia, luego quería sentirle entre sus brazos. Cuando todo volvía a la normalidad en casa, algo raro tenía que suceder. De repente, alguien llegaba por el patio y desde lejos le hacía señas a mamá, ella dejaba todo; nos cogía de la mano y nos enllavaba de nuevo.
Poco a poquito, nos fuimos haciendo muchachones y el mundo se hizo más grande. Un día mí vieja escondió a varios sandinistas en casa, venían maltrechos y muy heridos, la guardia somocista los buscaba como aguja en pajar. Ese día, todos supimos en casa, que mi vieja era una combatiente sandinista. Pese al temor, la angustia de los heridos y el husmear del enemigo; aquella noche, todos nos pusimos muy felices, mi papá fue el de más, dejo ir unos alientos que había acumulado en su garganta, abrazó a mi vieja y le dijo: -que alivio negra, yo también soy sandinista. Yo fui el chavalo aquel, el mismo que abrió la puerta del Palacio Nacional en Managua para que la muchachada guerrillera ingresara con toda.
Estoy seguro que esa noche me volví sandinista, dedique mi vida a la revolución. Me propuse combatir junto a mi mama, hasta el día de hoy que seguimos con el sueño entero. Nuestra lucha es hasta siempre, no pretendemos prebendas, procuramos dar ejemplo con nuestra dignidad.
Apoyamos a Daniel y a su gobierno, él jamás nos ha defraudado, siempre ha estado al lado del pueblo y del sandinismo. Junto a Daniel, ayudamos todos a remover todos los escombros dejados por la guerra, muchos se fueron, no aguantaron los momentos difíciles y decisivos. Hoy, ya estamos saliendo de ese pantano y somos gobierno pese a tantos obstáculos que hay en el camino.
Nuestro comandante tiene errores como todos nosotros, pero posee la sabiduría de mantener a Nicaragua en paz, lo demás lo logramos trabajando diariamente fajándonos de dignidad por un mundo nuevo.
Masaya, Nicaragua, Enero 15 de 2018.
*Por Wilson Sánchez

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